lunes, 28 de abril de 2014

Ser sin fronteras
  
   Ser  tiene que ver con algo así como la posibilidad de poder situar lo humano por encima de circunstancias o rasgos tales como edad, procedencia o etnia.
   Toschiaki Watanabe es un japonés que habita desde hace varios años la provincia de Mendoza en Argentina. Podríamos pensar por una cuestión cultural que su caso es  complejo, las comparaciones nunca son buenas, pero lo de este hombre sería  algo así como el de un esquimal habitando en medio de una playa caribeña o la de alguien criado en el campo trasladado de golpe a una grande y compleja urbe. Toshiaki se presenta con una tarjetita personal que dice: Shia Tzu-Moxa; antiguo sistema de masaje japonés.
   Cuando Watanabe ejerce su oficio se transporta, se funde con el paciente. Con sus ojos rasgados bien cerrados, durante una hora justa, en un ritual que aparenta ser sagrado el vuelca toda su sabiduría  a disposición del paciente, quien por lo general asiste a el en busca de alivio por el padecimiento de dolor.
   La pieza de la casita de barrio donde vive y ejerce su oficio es austera,  algunos libros de acupuntura y digitopuntura prolijamente dispuestos, una camilla tradicional, un ventilador de pie y un modesto equipo de audio conforman la escenografía completa donde durante la hora exacta de cada sesión suena un CD de música  relajante. Así sistemáticamente y con 8 a 10 pacientes diarios él despliega todo su  conocimiento a  favor del enfermo.
   A pesar de los muchos años que tiene habitando nuestro país Toschiaki sólo dice unas cuantas palabras en español, cuando uno se dispone en la camilla, su rudimentario castellano con un fuerte acento japonés se reduce a: por favor boca arriba, boca abajo, para un costado, el otro costado y sobre el final un…. “listo”.
 Prácticamente sin palabras, sólo por haber sido uno de sus ocasionales pacientes en busca de logrado alivio Toshiaki Watanabe enseña que la cosa no es simular, el asunto no es parecer, el asunto es ser y este japonés de incalculable edad, con una modestia sublime, con una humanidad religiosa, “es”,  en Japón, en España, en Canadá, en el  templo más sagrado del Tíbet o en un rincón remoto y perdido del planeta tal cual lo es en su humilde casita de barrio donde vive con su familia y despliega su profesión aquí en Mendoza.
  Cuando yo era un veinteañero queriendo abandonar mi pueblo en busca de nuevos rumbos para el éxito y la trascendencia, un viejo maestro ya muy mayor me dijo categóricamente así:
-“No te preocupes por el lugar pibe, cuando se tiene estrella se brilla desde donde quiere que sea”

   Es verdad que hay sitios más propicios que el pueblo natal para la fama y el reconocimiento, pero no hay con que darle,  el que es, “es”, sea donde sea que esté. Es que precisamente, ser no tiene fronteras.

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