lunes, 28 de abril de 2014

La meta o el recorrido

Ya sea para ir caminando de aquí a la china  o de aquí a la esquina es lo mismo, el asunto es arrancar con el primer paso, decía mi amigo el tano repitiendo palabras de suabuelo piamontés.
 Un cuento del escritor japonés Rynosuke Agutagawa titulado “Sennin” arroja magistralmente una luz al respecto. El sennin según la tradición china es un ser del orden de lo sagrado que habitando en el corazón de las montañas accede a poderes mágicos tales como volar y longevidad extrema.
 El relato (fantástico) trata sobre la historia de un humilde hombre que se dirige a una empresa de colocaciones en la ciudad de Osaka y se ofrece como sirviente full time a quienes a cambio logren convertirlo en un sennin. El empleado ríe burlonamente ante tal demanda pero se atemoriza cuando el hombre enojado lo increpa reclamando que el cartel de la puerta ofrece: “colocaciones para todo tipo de trabajo”.
El empleado preocupado comenta la situación a todos sus allegados hasta que una mala mujer del pueblo se entera y sin tener idea de cómo formar un sennin se aprovecha de la situación y ofrece convertir a este decidido hombre en uno de ellos, si a cambio durante veinte años él trabaja a sol y sombra en la granja de su propiedad.
Llegó el día, al cabo de 20 años de arduo y minucioso trabajo sin paga alguna, el hombre pide la retribución acordada. La mujer sin tener idea alguna de cómo lograrlo le ordena trepar hasta el extremo del pino más alto del terreno. Sin objeción y trepado en el extremo de la última rama el hombre pregunta:
 -¡Señora! ¿Ahora qué hago?
-Ahora suelta una mano, luego de soltarla vuelve a preguntar: ¿y ahora?, la inescrupulosa esperando el remate de su abuso con la caída y la muerte del pobre hombre ordenó: ¡Ahora suelta la otra¡. Cuando obedeciendo la soltó, lejos de caer, suspendido en el espacio comenzó a volar entre la copa de los árboles agradeciendo a viva voz a la señora ya  su sometido esposo por haberlo convertido en un "Sennin", al tiempo que rebosante de felicidad y ante la perplejidad de ambos se perdía entre las nubes.
Los hombres, todos, soñamos. Lo que nos diferencia es que hay quienes se lanzan tras sus sueños y quiénes no. El protagonista del cuento (no tan fantástico) recorrió sin apuro ni tregua la ambiciosa meta de convertirse en quien quería y lo logró.


¿La meta o el recorrido? En esencia somos el recorrido, pues hay recorridos sin metas, nunca meta sin su recorrido.

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