miércoles, 29 de abril de 2009

Dar… ayudar
 
Nada como la solidaridad para sentirnos bien. Es muy lindo recibir pero el verdadero placer se descubre al dar, especialmente cuando no se espera nada a cambio, el puro sentido de darnos.
    Hoy volviendo a casa luego de un largo periplo ciclístico y ya entrada la noche, en un transitado y angosto callejón, me encontré con un hombre parado junto a su auto con    una de las cubiertas en llanta.
    Me detuve de inmediato, dejé mi bici a un costado y sin palabras le cambié la rueda por la de auxilio, al tiempo que él me daba algunas explicaciones de los problemas de salud que le impedían hacerlo por propia cuenta.
    Finalizada la gauchada (como llamamos por estos pagos esta clase de atenciones) el hombre sumamente agradecido se sentía en falta, en cambio yo, maravillosamente bien. La gratificación de sentirse útil aun con algo tan sencillo como cambiar un neumático, y se lo aclare:
-          Hoy me toca  ayudarle a usted, mañana alguien me va a ayudar a mí,  reciba tranquilo, el agradecido soy yo por esta nueva oportunidad que usted me da al hacerme sentir parte.

   Cuando subí de nuevo a la bicicleta con el pecho henchido, pedaleé los últimos kilómetros con la plenitud que nos otorga únicamente el bienestar que nos provoca dar… ayudar .

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