domingo, 27 de abril de 2014

Aristas  de la música

Una por acá…. Otra  por allá…acelerando por  tramos, en otros presto a  frenar.
Sin su presencia no hay cómo, no hay manera de vivir. Desde ancestrales rituales hasta en la modernidad como un impulso vital,  jamás falto en ningún lado, no sobra en ningún lugar.
 Son melodías de tiempo donde el espacio no cuenta ni admiten la reflexión, disparo de sentimientos van derecho al corazón
  De las artes la más difundida o  al menos, la más popular.
Son solo y escasas siete,  infinitas de combinar, combinar sonidos… y combinar  silencios,  y combinar horarios…. para juntarse a  ensayar.
  No hay un solo ser humano que no se la haya cruzado
  En el ritmo al respirar, en la risa más sutil o en el desgarro de un  llanto. El latir del corazón, el chasquido de los dientes, la cadencia en el hablar,  no hay nada que sea  posible sin la nota musical…
  Es que el universo mismo no viene a ser otra cosa que una sinfonía orquestal.
  Musicalizar la enseñanza resuena en quienes seremos y si a ejecutarla aprende tendrá siempre compañía, aquellos que la transmiten no deben ser complemento,  pues su enseñanza es central.
   Los antiguos ya sabían; para ablandar a la furia, motivar el entusiasmo, mitigar las tristezas y apagar la depresión la terapia musical puede indicar el camino, antecesor del vocablo, madre del comunicar; aquello que no se dice, lo que es imposible callar la música lo ha de expresar
A alguien se le escapó: Dios quiere a los hombres, pero ama a los músicos

Hasta se puede afirmar, sin temor a equivocar: todo en la vida es música,  incluso…el suspiro final.

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